jueves, 30 de abril de 2009

Calentamiento Social





“Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.” – Johann Wolfgang von Goethe.

Desde la rutinaria comodidad del hogar y ese muy subliminal sentimiento de superioridad ética y moral que existe en el occidente es muy fácil no buscar un cambio. Es muy fácil, por supuesto, decir que todo es normal y bueno cuando nuestra vida es lo único que conocemos. Sabemos que nosotros trabajamos donde queremos, comemos cuando queremos, tenemos cuantas parejas queramos, vemos los canales de televisión que queremos, estudiamos lo que más nos place y la lista continúa por siempre. No podríamos ser más libres. Esa es la misma mentalidad que nos ha llevado a ser indiferentes e ignorantes (para no decir estúpidamente manipulados) con todo lo que pasa a nuestro alrededor. “¿Si lo mío está bien para qué me voy a preocupar?” Sin embargo, si vemos un poco más a profundidad, y entendemos que esas muy triviales decisiones son una realidad para la mayoría del mundo, entonces, ¿qué tan libres somos?

Empecemos por lo básico. La palabra libertad, o la idea que conlleva para ser más claro, es subjetiva, como toda idea que existe en el ser humano. Para alguien en esta pequeña nación ser libre puede representar cualquier cosa, desde irse a la playa sin previo aviso hasta irse de viaje en año nuevo. Para alguien en Palestina ser libre puede ser simplemente volver a casa vivo y sin haber sido detenido en varios puntos de chequeo por tropas israelíes.

Entonces, si la palabra libertad es tan subjetiva, ¿cómo definimos libertad desde un punto de vista social generalizado? Aquí toma más forma la palabra, porque no es una coincidencia que para la mayoría de la gente en Costa Rica tenga un significado más parecido entre sí que con la gente Palestina, a pesar de su subjetividad. De manera extrema se le podría llamar un lavado de cerebro predeterminado desde antes de nacer. A mí me gusta llamarlo el condicionamiento social. “Aquí se me enseña lo que es ser libre.” Es exactamente lo que se enfatizaba en el ensayo pasado acerca de lo bueno y malo. Es una más de esas palabras que yo llamo “políticas”, porque se presta para ser tergiversadas y en determinado momento complacer o disgustar a la gente.

Quiero hablar específicamente de un tema sensible, un tema sagrado, un tema del que para muchos nuestra “libertad” es culpable y nuestra misma “libertad” debe enmendar, en mi humilde opinión, simplemente el mejor y más ingenioso ejemplo de cómo la palabra libertad se presta para cegarnos y privarnos de nuestras verdaderas libertades sociales; el calentamiento global.

Desde ya puedo sentir la hostilidad de los que apasionadamente defienden a los pobres osos polares sin haber investigado, solo porque los anuncios “verdes” sensacionalistas de los medios les han tocado su pequeño corazón plagado de ansias de justicia por las pobres criaturas en peligro. Sin embargo, escribo este ensayo porque tengo la confianza de que siempre que hay pruebas concretas existe la posibilidad de ese ansiado cambio que mencioné hace unos momentos.

Yo sé que muchos de ustedes se están preguntando de antemano con cierta incredulidad como puede ser que el movimiento ambientalista en contra del calentamiento global, una causa benévola, sea manipulación. Simple, una de las palabras sinónimas de manipulación es distorsión. La iglesia católica en diversos puntos de su historia ha distorsionado ciertas enseñanzas y dogmas para ser aptas para determinada época o región. Lo que piensan los católicos en Costa Rica créanme que difiere de lo que pensaban los católicos en Roma por ejemplo.

Voy a presentar un corto ejemplo de cómo se distorsiona algo para efectos políticos. Pretendamos que yo quiero empezar un caso de investigación acerca del efecto de los rayos ultravioleta del sol. (Estamos en un plano meramente científico) En determinado momento ciertas organizaciones me fundan, pero nadie regala plata, estos entes quieren que yo descubra algo válido, algo interesante, algo…que venda. Inmediatamente tengo que darle un giro a mi investigación para ser patrocinado y llamarla ahora la investigación acerca del efecto de los rayos UV sobre la piel humana. Inmediatamente cambia la dirección de mi investigación, porque soy consciente de que para avanzar en mis estudios debo ser patrocinado, y para ser patrocinado debo dar algo a cambio. Sin que muchos lo hayan pensado, mi caso de investigación ha pasado de ser algo por el bien de la ciencia a ser un producto. Lo tengo que vender para recibir dinero. Consecuentemente mis investigaciones deben acaparar la atención de mayor medida, volviéndose casi algo trágico; una novela dramático-científica. Es triste, pero este es el rumbo que absolutamente todas nuestras ciencias han tomado. Por eso, en una época donde se supone que la tecnología y las comodidades son mayores tenemos el mayor índice de enfermedades de los últimos tiempos. Lo directo y simple no vende, lo fatalista y dramático sí. De esta manera es que la ciencia se distorsiona para efectos políticos o económicos. Algunos ejemplos de esto son entidades dedicadas al cambio climático como GreenPeace o la misma IPCC que ciertamente empezaron su trabajo de buena fe, pero a través del tiempo han sido poseídas por los demonios económicos mundiales.

Quiero dedicar un espacio para hacer una aclaración de suma importancia. Es vital hacer una distinción entre lo que es el cambio climático o el calentamiento global y lo que es la contaminación desmedida. La contaminación es reprochable y debe ser controlada. Lo irónico es que la contaminación de la que el ser humano más debería preocuparse es de la que menos se habla, la contaminación de desechos y materiales tóxicos. Esta contaminación no se puede criticar porque es primordialmente consecuencia de las entidades gubernamentales. Dudo mucho que alguno de ustedes vea en los noticieros cosas como, “Gobierno de los Estados Unidos decide sancionar a Merck, Bayer y Pfizer por no elaborar un plan apropiado de desechos tóxicos. Las multinacionales habían decidido depositar sus materiales de desperdicio en costas de Sudamérica y así ahorrarse millones en elaboración ambientalista de planes aprobados.” Si los gobiernos lanzaran crítica directa a este tema la gente le daría poca importancia porque claramente son las corporaciones gigantes de cada país las que más contaminan. ¿Cuál es la única forma de un argumento válido entonces? Echarle la culpa al individuo común. “Pfizer lanza campaña para que todas las personas sean conscientes de las emisiones de gases de sus vehículos.” Qué buenos ellos… Se distorsionan los hechos para que el tema de la contaminación sea visto como el calentamiento global y nada más. Esto es sin duda alguna la Santa Cena de la manipulación moderna, una legítima obra de arte. Con esto en mente me voy a adentrar en la novela del calentamiento global, pero primero hay que entender de dónde nace este fenómeno de magnitudes religiosas.

El Nacimiento

Es una historia bastante irónica, porque nace de polos opuestos…Literalmente. A finales de los sesenta y principios de los setenta estaba bajando repentinamente la temperatura de la tierra, cabe recalcar que poco, pero suficiente para lucrar asustando a la gente. Programas como The Weather Machine de la cadena BBC en 1974 ya estaban advirtiendo (asustando) de una posible nueva era de hielo. La BBC advertía que el congelamiento era inminente y que la población mundial entera sufriría los embates de la inclemencia del tiempo. Se reproducían videos de cosechas muriendo y gente con niveles de escasez inconcebibles. Por supuesto nada de esto pasó. Sin embargo, hay que tener en cuenta que detrás de cada exageración de la prensa existe aunque sea un hilo de argumento, un fundamento honesto si se quiere, y en este caso era que la tierra se estaba enfriando un poco. En la actualidad lo mismo pasa, hay ciertos eventos que ocurren que la ciencia si puede explicar, pero a veces hay que ponerle un poco de lustre al pastel para que llame la atención del consumidor.

Ante la posibilidad que manejaban los científicos (y quiero enfatizar la palabra posibilidad, no la inminencia que usaba la prensa) de que la tierra se enfriara peligrosamente surgió un estudioso que había dado una posible solución al problema, solución que irónicamente se transformaría en el peor de los problemas. El científico sueco Bert Bolin descubrió una interesante pero muy confusa relación entre el clima y el CO2 y propuso que los seres humanos usaran más bienes que emanaran CO2 para calentar el mundo y así evitar la era glacial que se podía avecinar. Lo llamativo de los reportajes y videos de Bolin es que en absolutamente todos admite no estar seguro de su teoría, y que simplemente es un experimento en proceso. Experimento que dicho sea de paso rápidamente se convertiría en la pizza de la que todos querrían un pedazo. El mismo presentador de The Weather Machine, Nigel Calder, ha dicho públicamente que fue un error haber aceptado la posibilidad de la teoría de Bolin, ya que los argumentos eran igual de débiles que los de una explicación evolutiva sin patrones genéticos.


En ese entonces existía cierta desconfianza de los recursos naturales. Las heridas de la segunda guerra mundial seguían frescas y en especial la guerra fría seguía emanando cierta hostilidad en la sociedad. Gran Bretaña desconfiaba de los países árabes para el petróleo y del carbón y sus métodos de uso. Entre las sombras de la confusión nació una figura política que le daría un giro de 180 grados a la teoría de Bert Bolin, la primera ministra inglesa Margaret Thatcher. Thatcher deseaba fortalecer militarmente a Gran Bretaña desde adentro con energía nuclear, y sus planes encontraron una oportunidad de oro conforme avanzaban las investigaciones del CO2. De repente la política inglesa empezó a advertir que la teoría del calentamiento global era cierta, que el CO2 humano si podía aumentar la temperatura y ocasionar desórdenes, y que además de eso el petróleo y otras fuentes de CO2 no eran renovables. Así que Inglaterra empujó el desarrollo nuclear (obviamente países como Irán y Korea del Norte son amenazas impensables cuando lo hacen) pensando en sus fines económicos y militares, usando como excusa que el CO2 como había anticipado Bolin, podía más bien sobrecalentar la tierra si se usaba de forma desmedida.

La prensa fue manipulada “científicamente” para presentar los hechos de esta manera y a la población le fue difícil creer otra cosa ya que se había especulado mucho sobre la posibilidad del cambio climático mediante el CO2. Así mismo no podemos olvidar el apogeo de la mentalidad del movimiento hippie de la época que no dudó un segundo en recibir con brazos abiertos esta idea tan “humana” y así enfrentar a los gigantes capitalistas descorazonados finalmente con un argumento válido. Es necesario entender que esto pasó a ser un movimiento muy social cuando fue adoptado por los pacifistas de la época, porque a pesar del desprecio que mucha gente les tenía, siempre llevaban ese título invisible de veladores por el bien. Esto hizo que la teoría del calentamiento global ganara credibilidad de manera exponencial adentro de la sociedad. Consecuentemente los países más industrializados vieron su beneficio por otro lado, apoyando la idea de que el desarrollo ya está al borde del límite, influyendo así en las decisiones de las entidades internacionales para controlar el crecimiento del tercer mundo, en especial ese continente que merece por recursos propios ser el más rico del mundo y así mantener su extracción de recursos y turismo financiando a los países “colonizadores”; África.

De esa manera se dividió esa endemoniada pizza que sacó del horno sin querer Bert Bolin y de la que se puede comer por siempre: entre políticos, pacifistas, la industria militar y las corporaciones gigantes. Manipulando entre todos a la población general. Cuando las motivaciones políticas se unen al ignorante apoyo de las masas se crean fenómenos de proporciones religiosas, (entiéndase Obamismo) ya que todo aquel que se oponga es una minoría indiscutible, por ende, un hereje.

La teoría y la verdad


Voy a empezar desde el punto de vista común, la teoría (no real, por supuesto) que se nos quiere enseñar acerca del cambio climático. Como referencia voy a tomar un video que ha acaparado la atención de millones de personas “conscientes” alrededor del mundo; “Una Verdad Inconveniente”, por el político ( Qué coincidencia!) Al Gore. La teoría “oficial” es bastante simple. El ser humano a través de su desarrollo industrial descontrolado ha aumentado drásticamente el nivel de los gases invernaderos en la atmósfera, específicamente, el CO2. Esto ha ocasionado que la superficie de la tierra se caliente, provocando desequilibrios en el ambiente y la vida de los animales. Los polos se están derritiendo y el nivel del mar está subiendo de manera insólita. A mediano o largo plazo esto podría significar no solo la extinción de millones de especies si no que la de nuestros propios descendientes. La única manera de revertir esto es controlando las emisiones de CO2. Una teoría bastante simple para una ciencia que recauda billones de dólares al año y cuenta con decenas de miles de empleados.

La realidad es muy diferente a esa, y antes de empezar a comparar niveles de emisión e impacto hay que entender que a lo largo de la muy amplia historia de este planeta han acontecido por lo menos cinco grandes extinciones sin ningún tipo de intervención humana. De hecho, si no queremos remontarnos a eras tan antiguas podemos ver algo de historia más reciente. Ya se mencionó el miedo que se tuvo en los setenta de un nuevo período glacial, pero hay que seguir tomando en cuenta la fecha, porque si uno se pone a pensar detenidamente la tierra se venía enfriando en lo que se llama la época del boom económico de la post guerra. Después de la segunda guerra mundial explotó de manera dramática la industria y el consumo de bienes, sin embargo la tierra se enfrió en lugar de calentarse. Remontándonos un poco más atrás, unas tres centurias para ser preciso vemos que la tierra estaba en un período que los científicos climáticos llaman la pequeña era de hielo, de la que aún quedan muchos recuerdos. Muchos han visto que la mayor parte de las historias de los primeros peregrinos en Estados Unidos detallan métodos de supervivencia a fríos intensos. Todas las historias de los colonizadores americanos hablan de inviernos duros y escasez de cosechas por el hielo. En la mayoría de estos lugares hoy apenas cae nieve en los inviernos. Las pinturas de Europa de la época detallan congelamientos que pocos de la región podrían imaginarse hoy en día. Si vamos todavía más atrás en la historia reciente chocamos con una etapa del clima terrestre que podría levantar más de una sospecha, el período tibio medieval. Asumo que el simple nombre les da una idea clara de cómo era el clima en ese entonces. Lo curioso es que ese lapso de 400 años fue considerablemente más caliente de lo que la tierra es ahora, y de repente…se congeló. En lugar de seguir calentándose hasta provocar el apocalipsis del que tanto se teme en la teoría del calentamiento global moderna. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué cuando la tierra se calienta se congela de repente una y otra vez a través de la historia? Es bastante simple. La inmensidad del océano está llena de corrientes marinas de diversas temperaturas. Una de las más importantes es la llamada corriente del golfo. Cuando hay un derretimiento masivo en los polos se puede cortar el flujo de esta corriente con el exceso de agua dulce, produciendo desequilibrios en las evaporaciones y precipitaciones, y causando así congelamientos repentinos. Sin embargo se habló de un efecto de los polos derritiéndose nada más. Entonces, si nosotros no los estamos derritiendo, ¿Qué los derrite?

Empecemos por explicar los gases de efecto invernadero y su relación incorrecta con el clima. Los gases como el CO2, el metano y el mismo vapor de agua tienen la habilidad de retener el calor, no producirlo como se nos dice. Entonces lógicamente si no hay calor alguno, aunque haya decenas de millones de toneladas de gases invernaderos en la atmosfera no se va a retener nada. Al Gore explica en su película que los gases invernaderos elevan la temperatura de la tierra, y demuestra unos gráficos que tienen una relación correcta, pero distorsionada. La relación no es que el gas invernadero aumenta las temperaturas, sino que el gas invernadero crece únicamente si la temperatura sube. Nuevamente repito, los gases de efecto invernadero no producen calor, lo retienen. Otra vez hay que rascarse la cabeza cuando uno se da cuenta que desde el siglo XIX la temperatura de la tierra ha variado en promedio solo medio grado hacia arriba entre tantos altibajos. Entonces nuestra marca no es permanente sobre la temperatura terrestre. ¡De hecho, existen épocas donde por medio de análisis glaciares y oceánicos se ha descubierto que hubo dos, cinco y hasta diez veces más gases de invernadero que los que tenemos ahora! Eso deja claro que es el gas el que acompaña al clima, no el que lo modifica, porque dudo en serio que los pobres dinosaurios produjeran gases tan brutales. Pero entonces cae una de las preguntas que finalmente nos desvían de los gases, porque si los gases solo siguen la temperatura, ¿Qué la regula? Es fácil, todo lo que acontece en nuestros sistema solar, no solo en nuestro planeta, es debido a la actividad solar.

Para comprender un poco la actividad solar naturalmente hay que salirnos de nuestro planeta. Todo en este universo está compuesto por vibraciones de energía, y nuestro planeta es bombardeado a diario por estas vibraciones. Uno de estos fenómenos es conocido científicamente como energía cósmica o rayos cósmicos. Esta radiación ingresa a la atmosfera y entra en contacto directo con el vapor de agua de los océanos. Esto causa que el vapor se condense y forme partículas minúsculas de agua, que a gran escala forman las nubes. Las nubes se encargan de regular la temperatura en la superficie de nuestro planeta. Ahora, cuando la actividad del sol aumenta su energía desvía muchas de las partículas subatómicas o energía cósmica, disminuyendo la entrada de este fenómeno a nuestra atmosfera y consecuentemente, aumentando el calor al haber menos formación de nubes. Luego de que la temperatura ha sido regulada los elementos de la atmósfera, entre ellos los gases de invernadero siguen el patrón y se adaptan al clima del momento.

Con esto queda claro, los 6,000 o 7,000 millones de toneladas de C02 que produce el ser humano conforman tan solo 379 partes por millón de las 750,000 millones de toneladas que hay en la atmosfera. ¡Es muchísimo menos que el uno por ciento! A esto hay que agregarle que la totalidad de esos 750,000 millones de toneladas de C02 constituyen tan solo el 0.03% de los gases de la atmósfera. ¡Es un hecho comprobado que tan solo los volcanes producen más C02 que todas las personas del mundo juntas, y eso que los volcanes producen menos que los animales, los animales aun menos que la vegetación y la vegetación exponencialmente menos que los océanos! Nuestro efecto en la tierra es insignificante en lo que a emanación de gases se refiere, por otro lado, en cuanto a contaminación por desechos tóxicos la situación sí puede agravarse.

Como referencia les voy a dejar una entrevista con uno de los más respetados científicos en cambio climático, esto con el fin de que enriquezcan las evidencias y las fuentes.

http://terranoticias.terra.es/ciencia/articulo/luis_carlos_campos_1404884.htm

A mí en lo personal me da más miedo pensar en una posible pequeña era glacial repentina debido al enfriamiento de las corrientes que en el derretimiento total de los polos, eso simplemente no va a pasar. Lo cierto es que la actividad solar sí está aumentando, y entre toda la especulación teórica de los acontecimientos del 2012 existe una base científica que ha reconocido un cambio en el campo magnético de la tierra debido a los ciclos solares. Las repercusiones del cambio magnético pueden variar desde un simple aumento en las precipitaciones y tormentas a un catastrófico giro polar que posiblemente extinguiría a la raza humana. Por supuesto, son simples especulaciones, en las que de todas formas el ser humano no podría intervenir.

Así que sigan manejando sus autos tranquilamente, no están matando a nadie, y en vez de preocuparse tanto por las noticias amarillistas patrocinadas por las multinacionales, encárguense de reciclar, no botar basura en exceso y redirigir su concepto de “amor al mundo” en la dirección correcta, y no la que se nos impone. Seamos libres también en nuestra forma de pensar e investigar, porque cuando se nos sanciona por cosas que no entendemos perdemos libertades sin saberlo. No le tengamos miedo excesivo al calentamiento global, está fuera de nuestras manos, y cuando alguien nos considere inhumanos por considerarlo así, recordemos que todo ser vivo esta hecho de dióxido de carbono y preguntémonos si nuestra presencia en sí afecta tanto a nuestra madre tierra.



lunes, 16 de febrero de 2009

NObama?

Hay que rendirle homenaje y hasta alabanza al recién electo presidente de la gran nación americana. No solo ha cautivado a una nueva generación de jóvenes estadounidenses, si no que ha bofeteado a aquellos que creían imposible la elección de un presidente negro, máxime en un momento tan crítico del ámbito político internacional. La ilustre propaganda nos vende una situación utópica, donde en un momento de aflicción mundial llega un salvador de magnitudes mesiánicas y condiciones nunca antes vistas para salvar al mundo de las garras del desorden endemoniado en el que nos ha dejado el infame “Boy George.”


Olvidémonos de que haya sido la campaña electoral más cara de la historia de los Estados Unidos, o de que el gabinete presidencial cuenta con las mismas “figuras” desde hace dos décadas, o de que el 60% de los miembros del congreso estadounidense no paga impuestos, o de que la crisis mundial no es producto de la coincidencia, o de que hay algo más profundo en los intereses de la guerra de lo que sabemos, o de que la historia del mundo que se nos ha enseñado ha servido para acelerar una agenda elitista que nunca murió, o de que el calentamiento global es más un calentamiento político y social que uno de ambiente, o de que los medios de comunicación no son nada más que instrumentos de manipulación masiva, o de que los discursos de la figura pública más elocuente y articulada no son ni escritos por el…Esas cosas no importan, y a los que sí les importan pero no las entienden basta con decir, “Por lo menos se fue Bush.”


Este es el tipo de sensacionalismo que se ha impuesto en la mente de cada persona que se cree libre, o independiente, para que se convierta en una norma más que en una opinión. En un mundo donde es más importante ser aceptado que aceptarse a sí mismo hemos caído con creces en un abismo de indiferencia. Distinguirse por el aprendizaje y el conocimiento no vale nada, a menos que vayan de la mano con la norma. Todo aquello que se sale de los parámetros es visto como ridículo. Aunque ese poco tenga más verdad que todo lo “normal.”


“Eso es malo, pero esto es bueno.” Si nos detenemos un segundo a pensar en lo que es bueno o malo nos damos cuenta de su subjetividad, que mucho no tiene sentido, y de que el valor de las palabras bueno y malo no es nada más que una pequeña caja invisible tan grande como nosotros mismos queramos. Robar será normal para muchos, para otros es suficiente para ser encarcelado, mientras que para otros es motivo de castigo divino y tormento eterno. Para muchos una vida sexual plena es motivo de gozo y salud, mientras que para otros es el peor de los pecados. Para muchos comer carne es bueno y saludable, para otros es malo para el corazón, para otros es irrespetar a alguna deidad, y para otros es malo por el simple hecho de que eso vino de un animal que no escogió morir y tiene (O tenía en este caso) todo el derecho a vivir como su naturaleza manda.


Entonces las palabras bueno y malo tienen el valor que nosotros les damos. Con esto dicho, ¿cómo procesamos estas palabras cuando son encasilladas en las cajitas por otras personas? ¿Es su valor el mismo que nosotros les hemos dado? ¿O acaso recibimos incondicionalmente las opiniones de aquellos llamados a saber más que nosotros? De ser así el conocimiento general jamás podrá crecer. Ya que nuestras opiniones serán las de otros, al igual que nuestras creencias y actitudes.


Como solía decir Oscar Wilde con un exquisito sarcasmo, “Es peligroso escuchar. Se corre el riesgo de que le convenzan; y un hombre que permite que le convenzan con una razón, es un ser absolutamente irracional.”


Intentaré en la mayor medida posible no sumergirme en irrelevancias biográficas para concentrarme exclusivamente en factores políticos, y con la sinceridad del sfumato da Vinciano me voy a adentrar un poco en lo que representa la llegada de Obama al poder. Al que llegue con una mentalidad cerrada y sensacionalista voy a pedir que no lea más, mientras que a aquel que se deje absorber por lo que está a punto de leer y con una mente abierta se salga de la caja, cuestione mis palabras e investigue por su propia cuenta los puntos, pido de corazón lea hasta el final.


Después del 11 de setiembre muchos entraron en pánico ante las amenazas terroristas del medio oriente. Luego llegó la guerra en Afganistán, Irak, la crisis económica global etc. Verdaderamente muchas cosas para poder digerir en paz. Entonces la respuesta natural es pedir ayuda, socorro, aunque no sepamos a quien, y esa es la clave, nunca sabemos a quién.


Aparecen amenazas por todos lados, pero nadie sabe qué es lo que pasa en realidad, entonces la misma gente que nos da su cara de la moneda nos extiende la mano para una solución. Es ahí cuando palabras como “esperanza, popular, democracia, cambio”, entre otras se pueden prestar para manipularnos groseramente. La gente consecuentemente cae en un sentido de impotencia que se agrava por el sensacionalismo de los medios. Se nos vende la idea de que hay un lado siempre bueno y otro siempre malo, dejando así de lado que los intereses monetarios son los que siempre, y recalco, siempre, han manipulado todo evento en la escena política internacional. El ser humano es entonces insignificante y sus representantes políticos, indiferentemente de sus posturas económicas, sociales, éticas, morales, políticas o religiosas, son los llamados a cuidar el interés de toda persona.


La propaganda política entonces se convierte en un arma sumamente eficaz para lavarnos el cerebro. ¿Cómo podría cualquier gobierno entonces con su poder no controlar la mejor manera de mantener naciones enteras en constante ovación y calma?


Para entender un poco más la eficacia de la buena propaganda pueden ver este video.


http://www.youtube.com/watch?v=mm1KOBMg1Y8



Desgraciadamente es el corrupto sistema monetario el que ha llevado a tantas guerras, conflictos, sangre, masacres y genocidios de toda índole en nuestra historia, pero siempre se justifica bajo los medios de comunicación. Si el sistema económico es tan poderoso, ¿quién lo controla?


Entre 1919 y 1930 existió una crisis global de magnitudes épicas. Según los medios esto se debía a la imprudencia en la toma de decisiones de la primera guerra mundial. Alemania sufrió terriblemente las consecuencias económicas y militares de dicho evento, y, entre la desesperación, fue que surgió aquella luz que todo el país necesitaba luego del tratado de Versalles. (En otra ocasión discutiremos los verdaderos propósitos de este tratado y su conexión con la familia Rothschild)

Es necesario dedicar un espacio para explicar lo peligrosa que es la desmedida admiración de una figura pública. Como dice el crítico Webster Tarpley con suma claridad, “El fascismo no es solo un estado policía impuesto por una pequeña élite. Puede que al final sea así, pero al principio es un movimiento de cambio que la misma gente apoya sin entender a plenitud por la desesperación de una situación dada.” Nuevamente después de decir esto, insto a quien no vio el video anterior a tomarse la molestia de hacerlo para así entender lo ciega que es la admiración de la gente cuando se manipula de forma correcta.


Cuando Adolf Hitler surgió su popularidad era inexplicable, era una figura mesiánica. Poseía un ímpetu patriótico infalible. ¿Qué persona no apoyaría a aquel que aparenta no poder amar de mayor forma a una nación? Lamentablemente eso es lo único que se necesita, aparentar. Hitler no contaba con los recursos económicos para llevar a cabo su gobierno. Pero los intereses imperialistas de Hitler representaban oportunidades impresionantes para terceros que jamás se podrían desaprovechar. Es ahí donde existe la historia secreta del tercer reich.



Inspirado por los libros de Maddison Grant Hitler se obsesiona con salvar a su tierra de los inmigrantes, obsesión que posteriormente se transformaría en la misión de eliminar del mundo las “etnias inferiores.” Esta idea representaba una serie de conflictos armados inminentes, y como veremos en breve, nada representa más dinero y poder que las guerras. El único problema ahora era que faltaba un ejército, un detonante para un conflicto que sería visto por el mundo posteriormente como el triunfo del bien sobre el mal. Es aquí cuando dos empresas estadounidenses, I.G. Farben y American Standard Oil Company ofrecen a Hitler todo el apoyo necesario, siempre y cuando este no fuera público. Es absolutamente necesario recalcar que estas empresas pertenecían a algunas de las figuras políticas más importantes de Estados Unidos. Prescott Bush, (padre de George Bush y abuelo de G. W. Bush. También presidente del muy corrupto grupo llamado Carlyle Group) y David Rockefeler (Presidente de varios bancos internacionales y uno de los hombres más ricos del planeta) entre otros eran los arquitectos de este acto de corrupción por intereses. La guerra representaba billones de dólares en contratos de combustible, armas, televisión, y posteriormente reconstrucción. Es así como se patrocina el ejército de Hitler. Ahora existía un ejército imperialista listo para allanar el terreno y construir sobre él lo que se suponía sería la tierra de la raza perfecta, pero faltaba crear un conflicto global para aprovechar esto al máximo.



Para ese entonces la primera guerra mundial había dejado sus saldos, pero la paz nunca llegó. China y Japón se encontraban en guerra en oriente mientras en Europa el ejército Nazi se preparaba para colonizar. Los intereses bancarios, que son de cierta forma los demonios que controlan la política exterior estadounidense, no esperaron más, y buscaron una manera de involucrar al país norteamericano en la guerra. (En la primera guerra mundial Estados Unidos fue advertido por varios países europeos que había guerra en el viejo continente, y que cualquier embarcación americana en campo hostil sería posiblemente destruida por medidas preventivas. Con todo el conocimiento previo, la nación americana ignora los avisos y Winston Churchill motivado groseramente por las oportunidades económicas envía el RMS Lusitania hacia Gran Bretaña como si fuera un día común y corriente. El barco fue atacado por torpedos alemanes y murieron cerca de 2.000 personas…Posteriormente Estados Unidos declaró su entrada a la guerra)



Mientras Estados Unidos deseaba entrar a la guerra Hitler planeaba como maximizar su apoyo a sabiendas de que muy posiblemente sería odiado una vez que el fervor del apoyo al cambio desapareciera del ciudadano común y surgieran los primeros embates de lo que fue un apoyo a una auto esclavitud más que cualquier otra cosa. Es así como el 27 de Febrero de 1933 el parlamento alemán misteriosamente se quema. En declaraciones posteriores Hitler culpó a terroristas envidiosos y el fervor de la gente provocó que estos cedieran toda autoridad a Hitler para que acabara con la amenaza y limpiara la tierra.



En ese entonces Estados Unidos estaba entorpeciendo todo el comercio de Japón, cerrándole mercados y financiando debajo de la mesa a China. (País que en la imagen pública es enemigo de Estados Unidos.) El plan era indudablemente irritar a Japón y provocar la primera embestida para justificar una entrada “sin culpa.” Es así como el domingo 7 de Diciembre de 1941 asqueados con el comportamiento americano los japoneses muerden el señuelo y atacan Pearl Harbor matando a mas de 2.400 personas e hiriendo a más de otros mil. Obviamente tanto el ataque al Lusitania como el bombardeo a la base militar Pearl Harbor fueron expuestos por los medios estadounidenses como actos de cobardía por parte de los agresores, como envidia a la nación soberana más fuerte del mundo y como una razón para que millares de estadounidenses se atragantaran en su patriotismo y sin pensarlo dos veces ingresaran a la fuerza militar.


Estos son solo dos claros ejemplos de la manipulación de eventos para acelerar conflictos. Hay decenas de casos más y el 11 de Setiembre, es uno más de ellos.


Para muchos parece muy poco relevante la similitud entre el fervor Obama y el fervor Hitler, pero lo cierto es que son solo dos diferentes caras para una misma agenda. Un plan maestro que se ha estado desarrollando por décadas para controlar la soberanía de cada nación desde un solo núcleo. Mientras no cuestionemos lo que pasa a nuestro alrededor, mientras seamos receptores de opiniones ajenas sin objeción, mientras nos dé miedo a contradecir por las opiniones de los demás, y mientras nuestra confianza sea desmedida somos solo un velero en medio del océano siendo empujado en cualquier dirección sin nuestro consentimiento. El propósito de este ensayo no es nada más que un intento frustrado de devolver a las personas aquello que nos ha hecho lo que somos, y eso es, la habilidad de cuestionar. Como decía Platón, no hay mejor manera de aprender que preguntando. Solo que muchas veces nos da miedo cuestionar. El gobierno de Obama está repleto de figuras que dan claros índices de que nada va a cambiar, pero discutiré la identidad e importancia de estos personajes en el próximo ensayo. Por ahora solo queda preguntarse, ¿Qué pasaría si en poco tiempo nos vemos en una crisis no solo económica, sino que hay escasez de comida y agua potable? ¿Qué pasaría si en los próximos años iniciara la tercera guerra mundial? ¿Qué pasaría si de repente todo lo que hacemos en nuestra vida cotidiana es controlado y regulado bajo la excusa de la “seguridad”? ¿Qué pasaría si tuviéramos que trabajar el doble para ganar la mitad? Pero lo más inquietante de todo, ¿Qué pasaría si la respuesta a todas estas preguntas hubiera estado todo este tiempo a nuestro alcance pero nuestra noción de la realidad se ha corrompido por nuestra más que ciega fe en la propaganda y nuestro miedo al ridículo social?


Por ahora podemos hacer resonar las palabras de Gandhi con un eco infinito en nuestro interior y así recordar que no hay un camino hacia la paz, sino que la paz es el único camino. Nosotros debemos ser el cambio que queremos ver y no podemos dejar todo en las manos de unos cuantos.


Hay que tener fe, pero siempre recordando que hasta cierto punto, somos nosotros mismos las respuestas a nuestras oraciones y deseos.