jueves, 30 de abril de 2009

Calentamiento Social





“Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.” – Johann Wolfgang von Goethe.

Desde la rutinaria comodidad del hogar y ese muy subliminal sentimiento de superioridad ética y moral que existe en el occidente es muy fácil no buscar un cambio. Es muy fácil, por supuesto, decir que todo es normal y bueno cuando nuestra vida es lo único que conocemos. Sabemos que nosotros trabajamos donde queremos, comemos cuando queremos, tenemos cuantas parejas queramos, vemos los canales de televisión que queremos, estudiamos lo que más nos place y la lista continúa por siempre. No podríamos ser más libres. Esa es la misma mentalidad que nos ha llevado a ser indiferentes e ignorantes (para no decir estúpidamente manipulados) con todo lo que pasa a nuestro alrededor. “¿Si lo mío está bien para qué me voy a preocupar?” Sin embargo, si vemos un poco más a profundidad, y entendemos que esas muy triviales decisiones son una realidad para la mayoría del mundo, entonces, ¿qué tan libres somos?

Empecemos por lo básico. La palabra libertad, o la idea que conlleva para ser más claro, es subjetiva, como toda idea que existe en el ser humano. Para alguien en esta pequeña nación ser libre puede representar cualquier cosa, desde irse a la playa sin previo aviso hasta irse de viaje en año nuevo. Para alguien en Palestina ser libre puede ser simplemente volver a casa vivo y sin haber sido detenido en varios puntos de chequeo por tropas israelíes.

Entonces, si la palabra libertad es tan subjetiva, ¿cómo definimos libertad desde un punto de vista social generalizado? Aquí toma más forma la palabra, porque no es una coincidencia que para la mayoría de la gente en Costa Rica tenga un significado más parecido entre sí que con la gente Palestina, a pesar de su subjetividad. De manera extrema se le podría llamar un lavado de cerebro predeterminado desde antes de nacer. A mí me gusta llamarlo el condicionamiento social. “Aquí se me enseña lo que es ser libre.” Es exactamente lo que se enfatizaba en el ensayo pasado acerca de lo bueno y malo. Es una más de esas palabras que yo llamo “políticas”, porque se presta para ser tergiversadas y en determinado momento complacer o disgustar a la gente.

Quiero hablar específicamente de un tema sensible, un tema sagrado, un tema del que para muchos nuestra “libertad” es culpable y nuestra misma “libertad” debe enmendar, en mi humilde opinión, simplemente el mejor y más ingenioso ejemplo de cómo la palabra libertad se presta para cegarnos y privarnos de nuestras verdaderas libertades sociales; el calentamiento global.

Desde ya puedo sentir la hostilidad de los que apasionadamente defienden a los pobres osos polares sin haber investigado, solo porque los anuncios “verdes” sensacionalistas de los medios les han tocado su pequeño corazón plagado de ansias de justicia por las pobres criaturas en peligro. Sin embargo, escribo este ensayo porque tengo la confianza de que siempre que hay pruebas concretas existe la posibilidad de ese ansiado cambio que mencioné hace unos momentos.

Yo sé que muchos de ustedes se están preguntando de antemano con cierta incredulidad como puede ser que el movimiento ambientalista en contra del calentamiento global, una causa benévola, sea manipulación. Simple, una de las palabras sinónimas de manipulación es distorsión. La iglesia católica en diversos puntos de su historia ha distorsionado ciertas enseñanzas y dogmas para ser aptas para determinada época o región. Lo que piensan los católicos en Costa Rica créanme que difiere de lo que pensaban los católicos en Roma por ejemplo.

Voy a presentar un corto ejemplo de cómo se distorsiona algo para efectos políticos. Pretendamos que yo quiero empezar un caso de investigación acerca del efecto de los rayos ultravioleta del sol. (Estamos en un plano meramente científico) En determinado momento ciertas organizaciones me fundan, pero nadie regala plata, estos entes quieren que yo descubra algo válido, algo interesante, algo…que venda. Inmediatamente tengo que darle un giro a mi investigación para ser patrocinado y llamarla ahora la investigación acerca del efecto de los rayos UV sobre la piel humana. Inmediatamente cambia la dirección de mi investigación, porque soy consciente de que para avanzar en mis estudios debo ser patrocinado, y para ser patrocinado debo dar algo a cambio. Sin que muchos lo hayan pensado, mi caso de investigación ha pasado de ser algo por el bien de la ciencia a ser un producto. Lo tengo que vender para recibir dinero. Consecuentemente mis investigaciones deben acaparar la atención de mayor medida, volviéndose casi algo trágico; una novela dramático-científica. Es triste, pero este es el rumbo que absolutamente todas nuestras ciencias han tomado. Por eso, en una época donde se supone que la tecnología y las comodidades son mayores tenemos el mayor índice de enfermedades de los últimos tiempos. Lo directo y simple no vende, lo fatalista y dramático sí. De esta manera es que la ciencia se distorsiona para efectos políticos o económicos. Algunos ejemplos de esto son entidades dedicadas al cambio climático como GreenPeace o la misma IPCC que ciertamente empezaron su trabajo de buena fe, pero a través del tiempo han sido poseídas por los demonios económicos mundiales.

Quiero dedicar un espacio para hacer una aclaración de suma importancia. Es vital hacer una distinción entre lo que es el cambio climático o el calentamiento global y lo que es la contaminación desmedida. La contaminación es reprochable y debe ser controlada. Lo irónico es que la contaminación de la que el ser humano más debería preocuparse es de la que menos se habla, la contaminación de desechos y materiales tóxicos. Esta contaminación no se puede criticar porque es primordialmente consecuencia de las entidades gubernamentales. Dudo mucho que alguno de ustedes vea en los noticieros cosas como, “Gobierno de los Estados Unidos decide sancionar a Merck, Bayer y Pfizer por no elaborar un plan apropiado de desechos tóxicos. Las multinacionales habían decidido depositar sus materiales de desperdicio en costas de Sudamérica y así ahorrarse millones en elaboración ambientalista de planes aprobados.” Si los gobiernos lanzaran crítica directa a este tema la gente le daría poca importancia porque claramente son las corporaciones gigantes de cada país las que más contaminan. ¿Cuál es la única forma de un argumento válido entonces? Echarle la culpa al individuo común. “Pfizer lanza campaña para que todas las personas sean conscientes de las emisiones de gases de sus vehículos.” Qué buenos ellos… Se distorsionan los hechos para que el tema de la contaminación sea visto como el calentamiento global y nada más. Esto es sin duda alguna la Santa Cena de la manipulación moderna, una legítima obra de arte. Con esto en mente me voy a adentrar en la novela del calentamiento global, pero primero hay que entender de dónde nace este fenómeno de magnitudes religiosas.

El Nacimiento

Es una historia bastante irónica, porque nace de polos opuestos…Literalmente. A finales de los sesenta y principios de los setenta estaba bajando repentinamente la temperatura de la tierra, cabe recalcar que poco, pero suficiente para lucrar asustando a la gente. Programas como The Weather Machine de la cadena BBC en 1974 ya estaban advirtiendo (asustando) de una posible nueva era de hielo. La BBC advertía que el congelamiento era inminente y que la población mundial entera sufriría los embates de la inclemencia del tiempo. Se reproducían videos de cosechas muriendo y gente con niveles de escasez inconcebibles. Por supuesto nada de esto pasó. Sin embargo, hay que tener en cuenta que detrás de cada exageración de la prensa existe aunque sea un hilo de argumento, un fundamento honesto si se quiere, y en este caso era que la tierra se estaba enfriando un poco. En la actualidad lo mismo pasa, hay ciertos eventos que ocurren que la ciencia si puede explicar, pero a veces hay que ponerle un poco de lustre al pastel para que llame la atención del consumidor.

Ante la posibilidad que manejaban los científicos (y quiero enfatizar la palabra posibilidad, no la inminencia que usaba la prensa) de que la tierra se enfriara peligrosamente surgió un estudioso que había dado una posible solución al problema, solución que irónicamente se transformaría en el peor de los problemas. El científico sueco Bert Bolin descubrió una interesante pero muy confusa relación entre el clima y el CO2 y propuso que los seres humanos usaran más bienes que emanaran CO2 para calentar el mundo y así evitar la era glacial que se podía avecinar. Lo llamativo de los reportajes y videos de Bolin es que en absolutamente todos admite no estar seguro de su teoría, y que simplemente es un experimento en proceso. Experimento que dicho sea de paso rápidamente se convertiría en la pizza de la que todos querrían un pedazo. El mismo presentador de The Weather Machine, Nigel Calder, ha dicho públicamente que fue un error haber aceptado la posibilidad de la teoría de Bolin, ya que los argumentos eran igual de débiles que los de una explicación evolutiva sin patrones genéticos.


En ese entonces existía cierta desconfianza de los recursos naturales. Las heridas de la segunda guerra mundial seguían frescas y en especial la guerra fría seguía emanando cierta hostilidad en la sociedad. Gran Bretaña desconfiaba de los países árabes para el petróleo y del carbón y sus métodos de uso. Entre las sombras de la confusión nació una figura política que le daría un giro de 180 grados a la teoría de Bert Bolin, la primera ministra inglesa Margaret Thatcher. Thatcher deseaba fortalecer militarmente a Gran Bretaña desde adentro con energía nuclear, y sus planes encontraron una oportunidad de oro conforme avanzaban las investigaciones del CO2. De repente la política inglesa empezó a advertir que la teoría del calentamiento global era cierta, que el CO2 humano si podía aumentar la temperatura y ocasionar desórdenes, y que además de eso el petróleo y otras fuentes de CO2 no eran renovables. Así que Inglaterra empujó el desarrollo nuclear (obviamente países como Irán y Korea del Norte son amenazas impensables cuando lo hacen) pensando en sus fines económicos y militares, usando como excusa que el CO2 como había anticipado Bolin, podía más bien sobrecalentar la tierra si se usaba de forma desmedida.

La prensa fue manipulada “científicamente” para presentar los hechos de esta manera y a la población le fue difícil creer otra cosa ya que se había especulado mucho sobre la posibilidad del cambio climático mediante el CO2. Así mismo no podemos olvidar el apogeo de la mentalidad del movimiento hippie de la época que no dudó un segundo en recibir con brazos abiertos esta idea tan “humana” y así enfrentar a los gigantes capitalistas descorazonados finalmente con un argumento válido. Es necesario entender que esto pasó a ser un movimiento muy social cuando fue adoptado por los pacifistas de la época, porque a pesar del desprecio que mucha gente les tenía, siempre llevaban ese título invisible de veladores por el bien. Esto hizo que la teoría del calentamiento global ganara credibilidad de manera exponencial adentro de la sociedad. Consecuentemente los países más industrializados vieron su beneficio por otro lado, apoyando la idea de que el desarrollo ya está al borde del límite, influyendo así en las decisiones de las entidades internacionales para controlar el crecimiento del tercer mundo, en especial ese continente que merece por recursos propios ser el más rico del mundo y así mantener su extracción de recursos y turismo financiando a los países “colonizadores”; África.

De esa manera se dividió esa endemoniada pizza que sacó del horno sin querer Bert Bolin y de la que se puede comer por siempre: entre políticos, pacifistas, la industria militar y las corporaciones gigantes. Manipulando entre todos a la población general. Cuando las motivaciones políticas se unen al ignorante apoyo de las masas se crean fenómenos de proporciones religiosas, (entiéndase Obamismo) ya que todo aquel que se oponga es una minoría indiscutible, por ende, un hereje.

La teoría y la verdad


Voy a empezar desde el punto de vista común, la teoría (no real, por supuesto) que se nos quiere enseñar acerca del cambio climático. Como referencia voy a tomar un video que ha acaparado la atención de millones de personas “conscientes” alrededor del mundo; “Una Verdad Inconveniente”, por el político ( Qué coincidencia!) Al Gore. La teoría “oficial” es bastante simple. El ser humano a través de su desarrollo industrial descontrolado ha aumentado drásticamente el nivel de los gases invernaderos en la atmósfera, específicamente, el CO2. Esto ha ocasionado que la superficie de la tierra se caliente, provocando desequilibrios en el ambiente y la vida de los animales. Los polos se están derritiendo y el nivel del mar está subiendo de manera insólita. A mediano o largo plazo esto podría significar no solo la extinción de millones de especies si no que la de nuestros propios descendientes. La única manera de revertir esto es controlando las emisiones de CO2. Una teoría bastante simple para una ciencia que recauda billones de dólares al año y cuenta con decenas de miles de empleados.

La realidad es muy diferente a esa, y antes de empezar a comparar niveles de emisión e impacto hay que entender que a lo largo de la muy amplia historia de este planeta han acontecido por lo menos cinco grandes extinciones sin ningún tipo de intervención humana. De hecho, si no queremos remontarnos a eras tan antiguas podemos ver algo de historia más reciente. Ya se mencionó el miedo que se tuvo en los setenta de un nuevo período glacial, pero hay que seguir tomando en cuenta la fecha, porque si uno se pone a pensar detenidamente la tierra se venía enfriando en lo que se llama la época del boom económico de la post guerra. Después de la segunda guerra mundial explotó de manera dramática la industria y el consumo de bienes, sin embargo la tierra se enfrió en lugar de calentarse. Remontándonos un poco más atrás, unas tres centurias para ser preciso vemos que la tierra estaba en un período que los científicos climáticos llaman la pequeña era de hielo, de la que aún quedan muchos recuerdos. Muchos han visto que la mayor parte de las historias de los primeros peregrinos en Estados Unidos detallan métodos de supervivencia a fríos intensos. Todas las historias de los colonizadores americanos hablan de inviernos duros y escasez de cosechas por el hielo. En la mayoría de estos lugares hoy apenas cae nieve en los inviernos. Las pinturas de Europa de la época detallan congelamientos que pocos de la región podrían imaginarse hoy en día. Si vamos todavía más atrás en la historia reciente chocamos con una etapa del clima terrestre que podría levantar más de una sospecha, el período tibio medieval. Asumo que el simple nombre les da una idea clara de cómo era el clima en ese entonces. Lo curioso es que ese lapso de 400 años fue considerablemente más caliente de lo que la tierra es ahora, y de repente…se congeló. En lugar de seguir calentándose hasta provocar el apocalipsis del que tanto se teme en la teoría del calentamiento global moderna. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué cuando la tierra se calienta se congela de repente una y otra vez a través de la historia? Es bastante simple. La inmensidad del océano está llena de corrientes marinas de diversas temperaturas. Una de las más importantes es la llamada corriente del golfo. Cuando hay un derretimiento masivo en los polos se puede cortar el flujo de esta corriente con el exceso de agua dulce, produciendo desequilibrios en las evaporaciones y precipitaciones, y causando así congelamientos repentinos. Sin embargo se habló de un efecto de los polos derritiéndose nada más. Entonces, si nosotros no los estamos derritiendo, ¿Qué los derrite?

Empecemos por explicar los gases de efecto invernadero y su relación incorrecta con el clima. Los gases como el CO2, el metano y el mismo vapor de agua tienen la habilidad de retener el calor, no producirlo como se nos dice. Entonces lógicamente si no hay calor alguno, aunque haya decenas de millones de toneladas de gases invernaderos en la atmosfera no se va a retener nada. Al Gore explica en su película que los gases invernaderos elevan la temperatura de la tierra, y demuestra unos gráficos que tienen una relación correcta, pero distorsionada. La relación no es que el gas invernadero aumenta las temperaturas, sino que el gas invernadero crece únicamente si la temperatura sube. Nuevamente repito, los gases de efecto invernadero no producen calor, lo retienen. Otra vez hay que rascarse la cabeza cuando uno se da cuenta que desde el siglo XIX la temperatura de la tierra ha variado en promedio solo medio grado hacia arriba entre tantos altibajos. Entonces nuestra marca no es permanente sobre la temperatura terrestre. ¡De hecho, existen épocas donde por medio de análisis glaciares y oceánicos se ha descubierto que hubo dos, cinco y hasta diez veces más gases de invernadero que los que tenemos ahora! Eso deja claro que es el gas el que acompaña al clima, no el que lo modifica, porque dudo en serio que los pobres dinosaurios produjeran gases tan brutales. Pero entonces cae una de las preguntas que finalmente nos desvían de los gases, porque si los gases solo siguen la temperatura, ¿Qué la regula? Es fácil, todo lo que acontece en nuestros sistema solar, no solo en nuestro planeta, es debido a la actividad solar.

Para comprender un poco la actividad solar naturalmente hay que salirnos de nuestro planeta. Todo en este universo está compuesto por vibraciones de energía, y nuestro planeta es bombardeado a diario por estas vibraciones. Uno de estos fenómenos es conocido científicamente como energía cósmica o rayos cósmicos. Esta radiación ingresa a la atmosfera y entra en contacto directo con el vapor de agua de los océanos. Esto causa que el vapor se condense y forme partículas minúsculas de agua, que a gran escala forman las nubes. Las nubes se encargan de regular la temperatura en la superficie de nuestro planeta. Ahora, cuando la actividad del sol aumenta su energía desvía muchas de las partículas subatómicas o energía cósmica, disminuyendo la entrada de este fenómeno a nuestra atmosfera y consecuentemente, aumentando el calor al haber menos formación de nubes. Luego de que la temperatura ha sido regulada los elementos de la atmósfera, entre ellos los gases de invernadero siguen el patrón y se adaptan al clima del momento.

Con esto queda claro, los 6,000 o 7,000 millones de toneladas de C02 que produce el ser humano conforman tan solo 379 partes por millón de las 750,000 millones de toneladas que hay en la atmosfera. ¡Es muchísimo menos que el uno por ciento! A esto hay que agregarle que la totalidad de esos 750,000 millones de toneladas de C02 constituyen tan solo el 0.03% de los gases de la atmósfera. ¡Es un hecho comprobado que tan solo los volcanes producen más C02 que todas las personas del mundo juntas, y eso que los volcanes producen menos que los animales, los animales aun menos que la vegetación y la vegetación exponencialmente menos que los océanos! Nuestro efecto en la tierra es insignificante en lo que a emanación de gases se refiere, por otro lado, en cuanto a contaminación por desechos tóxicos la situación sí puede agravarse.

Como referencia les voy a dejar una entrevista con uno de los más respetados científicos en cambio climático, esto con el fin de que enriquezcan las evidencias y las fuentes.

http://terranoticias.terra.es/ciencia/articulo/luis_carlos_campos_1404884.htm

A mí en lo personal me da más miedo pensar en una posible pequeña era glacial repentina debido al enfriamiento de las corrientes que en el derretimiento total de los polos, eso simplemente no va a pasar. Lo cierto es que la actividad solar sí está aumentando, y entre toda la especulación teórica de los acontecimientos del 2012 existe una base científica que ha reconocido un cambio en el campo magnético de la tierra debido a los ciclos solares. Las repercusiones del cambio magnético pueden variar desde un simple aumento en las precipitaciones y tormentas a un catastrófico giro polar que posiblemente extinguiría a la raza humana. Por supuesto, son simples especulaciones, en las que de todas formas el ser humano no podría intervenir.

Así que sigan manejando sus autos tranquilamente, no están matando a nadie, y en vez de preocuparse tanto por las noticias amarillistas patrocinadas por las multinacionales, encárguense de reciclar, no botar basura en exceso y redirigir su concepto de “amor al mundo” en la dirección correcta, y no la que se nos impone. Seamos libres también en nuestra forma de pensar e investigar, porque cuando se nos sanciona por cosas que no entendemos perdemos libertades sin saberlo. No le tengamos miedo excesivo al calentamiento global, está fuera de nuestras manos, y cuando alguien nos considere inhumanos por considerarlo así, recordemos que todo ser vivo esta hecho de dióxido de carbono y preguntémonos si nuestra presencia en sí afecta tanto a nuestra madre tierra.



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